CIUDAD DE MÉXICO – En los pasillos de las instituciones de salud más antiguas de México, el sonido de los pasos y el roce de un uniforme almidonado no siempre anuncian el cambio de turno. Para muchos trabajadores sanitarios y pacientes, se trata de la presencia de Eulalia, mejor conocida como “La Planchada”, cuya historia sigue vigente como uno de los pilares del imaginario colectivo nacional.
La leyenda, que tiene su epicentro en el histórico Hospital Juárez, relata la vida de una enfermera impecable en su apariencia y atención que, tras una decepción amorosa que la sumió en la amargura y el descuido de sus pacientes, quedó condenada a vagar por los pabellones.
Puedes leer: Más de 60 mil fans vibran con BTS en el Estadio GNP de CDMX
Testimonios contemporáneos aseguran que, en momentos de crisis o saturación hospitalaria, una mujer de vestimenta antigua y perfectamente planchada aparece para suministrar medicamentos o atender a enfermos que han sido “olvidados” por el personal de guardia. Al despertar, los pacientes describen a una enfermera amable que, simplemente, no figura en la nómina del hospital.
Más allá del escalofrío, los expertos en cultura mexicana señalan que estas historias cumplen una función social crítica. En un país con una tradición oral tan arraigada, relatos como el de La Mulata de Córdoba o el Charro Negro no solo sirven como entretenimiento, sino como un registro de la ética, los miedos y la historia de sus épocas.
-
Identidad local: Estas leyendas se adaptan a la geografía del país; desde los callejones de Coyoacán hasta las haciendas de Puebla y Veracruz.
-
Turismo de misterio: Lugares como la Isla de las Muñecas en Xochimilco han pasado de ser sitios de tragedia local a puntos de interés internacional, impulsando la economía regional.
A pesar del avance tecnológico, la fascinación por lo sobrenatural no ha disminuido. En plataformas como X y TikTok, las “historias de hospital” generan millones de interacciones, demostrando que la figura de “La Planchada” ha logrado transitar del susurro en los pasillos a la viralidad digital.
La persistencia de estas notas periodísticas y relatos urbanos confirma que, para el mexicano, la frontera entre la vida, la muerte y el mito es, y seguirá siendo, una línea sumamente delgada.

