En el corazón del antiguo barrio de Xonaca, en la intersección de la 22 Oriente y la 18 Norte, se erige uno de los monumentos más enigmáticos y cargados de misticismo de la capital poblana: La Fuente de los Muñecos. Más allá de ser un elemento de ornato urbano, la estructura resguarda una trágica historia de la Puebla del siglo XX que, con el paso de las décadas, se transformó en una de las leyendas paranormales más arraigadas de la cultura local.
La historia se remonta a la década de 1940, época en la que el entonces gobernador de la entidad, Maximino Ávila Camacho, poseía una casa de descanso en la zona. De acuerdo con los relatos de los lugareños, en una de las propiedades aledañas trabajaba un hombre como capataz, cuyos dos pequeños hijos —un niño con overol de mezclilla y una niña con vestido rojo— eran ampliamente conocidos por jugar diariamente en las calles del barrio.
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La cotidianidad se rompió un día de tormenta. Los infantes salieron de casa y no regresaron. Tras horas de intensa búsqueda por parte de la familia y los vecinos, se determinó que los menores habían resbalado accidentalmente en un pozo de agua que abastecía a las huertas locales, el cual se encontraba inundado debido a las lluvias. Los cuerpos de los hermanos nunca pudieron ser recuperados.
Conmovido por el luto que embargó a la comunidad, el mandatario estatal ordenó la construcción de una fuente en el sitio exacto del perciso, coronada por dos figuras de piedra que replicaban la vestimenta y los rasgos de los infantes, como un homenaje perpetuo a su memoria.
Con el correr de los años, el dolor de la pérdida dio paso al fenómeno sobrenatural. Vecinos del Barrio de Xonaca, así como trabajadores nocturnos y taxistas que transitan por la vialidad durante la madrugada, aseguran que la fuente cobra vida al caer el sol.
El mito urbano más popular señala que, al mirar hacia el pedestal en altas horas de la noche, las esculturas de los infantes desaparecen, para luego amanecer en su posición original con las ropas húmedas y los zapatos salpicados de lodo, como si hubieran salido a jugar.
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A pesar de los procesos de urbanización y las diversas obras de mantenimiento que ha recibido la estructura a lo largo de los años, las autoridades y los propios colonos han procurado preservar la esencia original de las figuras.
Hoy en día, la Fuente de los Muñecos se mantiene no solo como un punto de referencia geográfico en Puebla, sino como un recordatorio de cómo la memoria colectiva de los barrios poblanos es capaz de transformar un hecho trágico en un legado histórico y cultural que desafía el paso del tiempo.

