viernes,agosto 28,2026

El campo poblano, siete años de abandono pese a promesas de transformación

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Desde 2018, cuando distintos sectores rurales comenzaron a exigir cambios estructurales en las políticas dirigidas al campo poblano, la transformación prometida sigue sin concretarse. Las demandas de miles de campesinos y comunidades han chocado una y otra vez con el abandono institucional y la falta de voluntad política.

 

 

Pedro Ponce Javana, investigador de la Universidad Autónoma Chapingo, reafirmó recientemente lo que diversas organizaciones campesinas han venido denunciando desde hace años: el deterioro del campo no solo continúa, sino que se ha profundizado. A pesar de los discursos oficiales sobre desarrollo y sustentabilidad, los datos muestran un panorama crítico: desde 2018 se han perdido más de 600 mil hectáreas de maíz en Puebla, lo que afecta directamente la soberanía alimentaria y deja en la incertidumbre a más de medio millón de trabajadores del sector rural.

 

 

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Puebla, con su vasta riqueza natural y agrícola, representa una contradicción constante: tierra fértil en recursos, pero estéril en políticas públicas eficaces. En 2024, el Registro Agrario Nacional registró más de 300 mil personas en núcleos agrarios distribuidos en 1,208 ejidos y comunidades; sin embargo, estas estructuras no han sido tomadas en cuenta al momento de diseñar estrategias gubernamentales.

 

 

Ya en 2018, distintas organizaciones campesinas advirtieron sobre el fracaso del modelo de desarrollo rural impuesto: centralizado, vertical y excluyente. Hoy, esas advertencias se han cumplido. Las políticas neoliberales aplicadas durante décadas, apenas modificadas en administraciones recientes, han ignorado el papel fundamental de la agricultura multifuncional, el conocimiento ancestral y la participación comunitaria.

 

 

Frente a este escenario, Ponce Javana propone una alternativa clara: construir un modelo de desarrollo rural sustentable con enfoque territorial, participación comunitaria, gobernanza horizontal, capacitación técnica e investigación aplicada. Sin embargo, esta propuesta no ha sido adoptada de manera seria por el gobierno estatal.

 

 

Mientras tanto, las comunidades rurales siguen enfrentando marginación, desempleo, pobreza extrema y deterioro ambiental. El potencial productivo de Puebla —con cultivos como amaranto, café, manzana, pera, además de recursos como miel, huevo y bosques— continúa desperdiciado.

 

 

“La política para el campo debe construirse desde abajo, desde los pueblos y comunidades, no desde los escritorios”, advierte el académico. Pero la gran pregunta sigue sin respuesta: ¿cuántos años más deberán esperar los campesinos poblanos para que esa política llegue?

 

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El tiempo corre, y el abandono del campo poblano no da tregua.